May the riots start

lunes, junio 05, 2006

De auditorios llenos y vacios

Fue en un auditorio parecido a este y viendo al mismo grupo. Quiera o no quiera siempre termina volviendo a los lugares comunes. Las plazas, las verbenas y el frió le traen a la mente unos labios extremadamente finos que nunca más volverá a besar. Y ahora que llega el buen tiempo, ahora que no ve ningún jersey verde que le recuerde esa carcajada que soltó aquel por la broma más absurda del mundo, decide acercarse a un auditorio. Y esperar una canción. Una canción facil y obvia. Una canción que gusta de lugares comunes tanto como él. Una canción en la que dejaron un trocito pequeño de su relación. Una canción que nunca han oido por separado. Una canción que habla de secreots, plazas, verbenas y besos. Pero también de moscas en cocinas blancas, de caricias en sitios prohibidos, de lluvia norteña y de catedrales. Una canción que, en ese momento, lo es todo. Una canción que le espera en casa, y que siempre evita. Un lugar común al que no quiere volver. Tiene las palabras, las rimas fáciles, las cursilerías a fuego en su cabeza. En su cerebro. Así que decide salir de ese auditorio mientras estas mismas palabras se escriben sobre el escenario, esta vez carentes de sentido. A medio pronunciar. Ya no hay miradas furtivas despues de la tragedia ni roces no todo lo fortuitos que ambos quieren hacer ver. Ese trozo de su vida está ya, unicamente, en ese TDK grabado que tiene en casa, con su letra indicando el orden de escucha.

miércoles, mayo 17, 2006

De salidas imposibles.

La ultima vez que nos sentamos a hablar era martes por la tarde. El martes era su dia favorito para salir a pasear, por eso me extrañó su insistencia en que nos reuniesemos. Llevaba un tiempo algo hermético. Se habia perdido la luz que siempre brillaba en sus ojos. Y ultimamente repetia mucho ese gesto tan suyo de guiñar un ojo mientras miraba a través de la "O" que dejaba entre sus dedos pulgar e índice de su mano derecha. Creo que siempre le recordaré así. Mirando a través de ese monóculo improvisado. Buscándose, seguro, antes cuando todo era mucho más fácil. Ahora es mayor. Mucho mas mayor que hace dos meses. Mucho más viejo. Mucho más triste. Acudí, como digo, con una mezcla de angustia e ilusión en las tripas. Si, soy muy visceral. Todo se me acumula en las tripas. Sobre todo la angustia (tiende a angustiarme todo lo que no me ilusiona) y la ilusion (tiende a ilusionarme casi todo lo que no me angustia). Entré sin llamar, como siempre. Como le había visto tantas veces hacer. Y, como siempre, le ofrecí la mejor de mis sonrisas.

El no sonreía. Estaba mirando por la ventana, como imaginas que mira por la ventana esa gente que ha perdido a alguien. Que espera que un día ese alguien gire la esquina y salude con la mano. Sólo que él se quiere ver a sí mismo. Con esa sonrisa que dejaba entrever que le faltaba un diente perdido en una tonta caída (cómo le gustaba decir la paliza que le había dado al otro). Y esas patillas orgullosas que enmarcaban un rostro bello. Bello y sin arrugas. Un rostro con más historias de las que te puedas imaginar. Más de las que te puedes creer. Pero ahí está la gracia. Si separas la realidad de la ficción acabas con el hombre. Y ahora mismo están acabando con él. Poco a poco. Ya se han comido casi todo lo que era. Se lo han comido los recuerdos, sus enemigos, esos pasos que no dió porque no supo. Los momentos de fuerza (alguien como él debía aprovecharlos). Las intrasigencias del pasado. Las dudas que nunca admitió y todas las veces que se equivocó. La habitación estaba llena. Creí que no iba a caber entre tanta gravedad. Entre tanta suciedad. Tanto humo. Tanto hedor...y le ofrecí la mejor de mis sonrisas.

Me senté en la silla negra que siempre me correspondía, justo delante de él. Me pareció por un momento que le tapaba la visión de su otro yo, de su yo de hace dos meses, porque se levantó y se sentó a mi lado. Y entonces me lo pidió. Era la primera vez que me pedía algo. Hasta ahora me lo habia exigido todo. Siempre con una sonrisa, eso si, que ese diente que le faltaba le confería un toque antihéroe, de los que siempre han sido mis favoritos. Por eso noté su desesperación mejor que nadie lo podría haber hecho. Y me pidió una salida. Y es precisamente eso algo que yo no le puedo dar. Tengo tres, pero las tres son para mi. Tienen mi nombre escrito en la llave. Mi nombre que es el suyo, pero por una vez no puede engañar a nadie para pasar en mi lugar. Le expliqué que no había salidas para él. Y le ofrecí traer la pala y empezar al dia siguiente. A clavarla en el suelo y empezar a remover la tierra. A ver lo que hay debajo. A ver lo que le (nos) está quemando los pies. Y, si quería, entre los dos fabricarnos una salida con un gran cartel y una flecha que le indique el camino,para que no se perdiera, por si acaso no podia usar su monóculo. Se me quedó mirando, debastado. Simplemente se levantó y se fué. No tenia fuerzas para idear ninguna maniobra. Era ya tarde para él. Para su nueva version de él. Antes de cerrar la puerta y dejarme allí solo, en medio de esa sala enorme llena de nada, me miró. Han ganado. Solo quería descansar. Dejarse llevar. Perder si es necesario. Perder. Por primera vez, aceptar perder. Me fijé y el brillo de sus ojos eran lágrimas. Un hijo no debe ver a su padre llorar.

domingo, mayo 14, 2006

De deseos y añoranzas

Estoy deseando volver. Así en abstracto. La verdad es que cuando emprendí el viaje no sabía realmente hacia donde iba. Preparé mi atillo la noche antes. Un par de manzanas, otra camisa y ese libro que me regaló. Iba a volver para que pudiesemos ir al cine a ver esa pelicula que tanto le gusta, que ha visto mil veces y que me quería enseñar, y yo le prometí que esta vez no se nos escapaba. Es curioso cómo hay siempre cosas que no puedes hacer. Porque no me dio tiempo a volver para ir al cine. Me terminé su libro y las dos manzanas, y ahora sigo andando y andando, huyendo hacia delante. Es dificil de explicar, pero no puedo dar la vuelta. Que sentido tendría dar la vuelta y dejar el camino a medias? Para qué habría empezado a andar entonces?

Una pareja de ancianos me acogió en su casa durante un par de días. Anselmo y Claudia. Me sorprendió el nombre de ella. Y resulta que ella era otra viajera también. Viajera por otros motivos, por otros impulsos. Por iniciativa propia. Porque tenía que andar. Y caminó y caminó hasta que llegó a la casa de Anselmo (de sus padres, de los padres de sus padres, de sus padres) y decidió quedarse allí para siempre porque ya no tenia que andar más. Y estaba contenta. Contenta de lo premeditado de su elección. De cómo habia resultado bien su aventura. De cómo su viaje llegó a buen término en un pueblo perdido en Castilla. Yo les expliqué que lo estaba haciendo por obligación. Y que lo tenía que hacer sólo. Que muchas manos amigas me han dado más manzanas, una cama, un techo, algo caliente, pero al final el que va al final del día yo soy el contendiente. Todo es difícil cuando estas solo. Todo es dificil cuando no sabes a qué hora es el combate. Que dia. Donde.

Porque ya he perdido todo contacto con lo que era anteriormente. Me parece imposible volver a dormir tranquilo. Volver a sentarme a escribir (y levantarme satisfecho). Volver a mirar a Leandro a los ojos sin guardarle rencor. Porque aunque pare, aunque vuelva, aunque ella esté ahí esperando su regalo, he quemado demasiados puentes. He aceptado demasiada caridad. He peleado contra demasiados hombre de paja. Me duelen los puños y los pies. Cada dia subo el Aneto. Y lo único que quiero es que el Aneto desaparezca.

Eso, según me dijo Anselmo, es imposible. Pero hay que seguir deseandolo, no?

jueves, octubre 13, 2005

De noches. De adioses.

Entran a casa de la mano y cierran la puerta. Van directos a la cama. A él le gusta despertarse a su lado. A ella, acostarse a su lado. Sin ropa pueden notar el calor del otro. Se acercan y se alejan. Se besan. Se dan la espalda. Se miran se huelen. Los besos en el cuello dan paso a caricias. Las caricias a besos en el cuello y así hasta el infinito. Hasta que el cansancio les puede. Entonces buscan su postura. La postura de siempre no les vale esta noche. Tienen miedo a que el otro desaparezca. Tienen miedo a abrir los ojos y que el otro ya no esté ahí. Es un miedo irracional. Irracional pero muy real. Esta noche más que nunca. Porque dentro de 6 horas todo habrá terminado. No habrá más peleas ni mas reconciliaciones. No habrá más cenas incomibles ni más cervezas de lata. Nunca habian dormido tan juntos. El agarra su pecho con una mano mientras que con la otra abraza su cintura a la altura de ese ombligo fruto de tantas discusiones. A ella nunca le gustó (dice que tiene una forma muy rara. Lo que tiene nacer a manos de un médico inexperto. El doctor Fanjul. Siempre le hizo gracia que el hombre que la vio nacer tenga el mismo apellido que el general que la ve vivir). A él le encanta. Precisamente por esa forma tan rara que tiene (estaba harto de chicas delgadas de ombligos profundos.De hecho, fue lo primero que le llamó la atención de ella cuando la vio hace 7 meses bailando como una loca en la discoteca a la que siempre promete nunca más volver).

Ella se mueve mucho. Intenta escapar, como siempre. El se despierta varias veces sin nada entre las manos. Se asusta. Es una reacción instintiva. No. Aun no se ha ido. Le quedan unas dos horas. Nunca se habia fijado en ella cuando duerme. Hoy tampoco quiere. Pero no puede evitarlo. Sabe que se va a arrepentir. Porque mañana ya no estará allí. Ni mañana ni nunca. El recuerdo de su cara con los ojos cerrados, su respiracion tranquila, sus giros y patadas inconscientes le van a acompañar durante mucho tiempo. Lo sabe. Pero todos tenemos fantasmas, no? Vuelve a tumbarse, le quita el pelo de la cara (menos mal que no le hizo caso y no se quitó el flequillo) y la abraza.

Pasan esos 120 minutos fatales y la radio anuncia nubes y claros. Se despiertan desnudos y sin tiempo para nada. Precisamente eso que siempre les ha sobrado les falta cuando más lo necesitan. Se duchan juntos. Una ducha rápida. No hay tiempo para más. Ni siquiera para enjabonarse el uno al otro. Hoy no hay bromas. Ni juegos con las toallas. Por qué está tan guapa cuando está triste? Por qué no me pide que me quede?. Un último beso. Una última caricia. Hoy no hay nada que recoger. No hay maletas ni abrigos. Sólo unos vaqueros con la cremallera rota en el suelo. Se alegra de haberse dejado aquel vestido tan mono que se compró en Zara esa noche que terminó con un portazo y lágrimas en el portal. Anacrónica, como siempre, sale del apartamento, sale del portal, sale de la calle, sale de su vida. Y él está desnudo, viendo por la ventana como se aleja.

miércoles, mayo 25, 2005

Del equilibrio y la tristeza. Y un poco de felicidad

Se lo pregunté al viejo Vania el otro día. "¿Por qué estas siempre triste?". ël me miró y se rió. Me di cuenta de que ya poco podía decirme. Había sobrepasado con creces su límite diario de vino barato. Las excursiones de jubilados americanos es lo que tiene. Mucho dinero en poco tiempo para un pobre excomunista borracho. Aunque Vania no fue nunca comunista y fue siempre borracho. Le observo durante cinco minutos mientras tararea la misma canción de siempre. Llevo aquí mucho tiempo y sigo sin entender ese acento tan marcado. Dice que viene de Belgrado pero ya empiezo a tener mism dudas. Le dejo tirado en el suelo y me doy la vuelta pensando en mi propia tristeza. Nunca dejaré de ser egoista, como Vania. O como el dueño de la bodega. Nunca me acuerdo de su nombre. Pero tiene que ser egoista. Se le ve en la cara. No se puede tener ese diente roto y ser una persona generosa. No se puede.

Pero estabamos hablando de mi. Desde que encontré el equilibrio no soy trascendente. Soy feliz pero no soy trascendente. Ya nada es melodramático. Quiero volver a aquellos tiempos en los que el mundo estaba contra mi. Quiero recordar el momento justo en el que Arcade Fire escribieron Tunnels solo para mi. Se lo intenté explicar Vania varias veces y me decia que sólo eran tonterías. Qué me va a decir un viejo borracho...Yo también me acuerdo de habitaciones en las que quería estar y en las que nunca estaré.Recuerdo miradas furtivas que nunca volverán. Susurros. Mordiscos robados y no dados.

Ahora me encierro en una sola habitación. Visito un solo frigorífico. Es muy agradable ponerme cada noche las mismas zapatillas. Pero he perdido mi tristeza. Y sin mi tristeza nunca llegaré a ser Vania. Y estoy perdido porque solo le conozco a él. No recuerdo (quiero recordar) ningún otro nombre. Ni mujer. A veces quiero volver a estar triste. Quiero beber para olvidarme de algo. Pero ya no recuerdo nada. No se que pasaba antes. No tengo nada que olvidar. Y nada por lo que estar triste.

Ahora soy feliz?

martes, mayo 17, 2005

De Barcelona. De Barcelona.

Es curioso el efecto que las ciudades tienen en las personas. Bajé del avión y lo primero que vi fue la estación donde nos dimos el último beso. Después vendrían más, pero ese fué el último beso sincero. El beso más dramático de todos. Un beso que vale por una relación. Un beso cálido. Salado. En un andén lleno de gente. Y sólo estábamos los dos. ¿Cómo escapar de ahí? ¿Cómo olvidar las muertes trágicas?

El curioso el efecto que las ciudades tienen en las personas. Los taxis negros. El ensanche. El baño donde echamos nuestro último polvo (sucio, rápido, animal). Colegios, bancos y parques. Lo que puedo haber sido y no fué. Instantáneas en Pedralbes y en Sarriá. Y yo, esta vez, con el corazón pequeño.

Porque esos días no volverán. Barcelona ya no me quiere. Pero no puedo olvidarla. Es curioso. Puedo olvidar la cara. El pelo largo. La voz con ese ligero acento que no quería que se notase. Pero no puedo evitar que se me encoja el corazón cuando salgo del avión en el Prat. Las deconstrucciones sólo funcionan si tu quieres. Y no quiero que nada cambie. Barcelona no se puede deconstruir. Barcelona no es Berlín. Ni Suiza. Barcelona fué el final. Y no, no se pueden olvidar las muertes trágicas. No se puede escapar.

Ahora paseo por la trapería con una sonrisa. Con un corazón enorme. Otra ciudad. Otro año. Una mujer. Murcia no es Barcelona. Murcia es el principio. Construcción en lugar de deconstrucción. Vida en vez de muerte. Hoy en vez de ayer. No, no es Barcelona. Nunca lo será. Porque las relaciones acaban y se olvidan. Se mejoran. Se empeoran. Pero las ciudades permanecen. Construidas. Deconstruidas. Reconstruidas. Pero permanecen.

jueves, marzo 17, 2005

De los sesenta, de la rabia adolescente y de la entrega. Little Barrie. Moby Dick. 14/03/2005

Hay noches que merece la pena salir de casa. Una cerveza no está mal de vez en cuando. Haciendo cuentas, al final ese sueño se puede recuperar. Te queda una semana por delante para no tomar cerveza. Te queda una semana por delante para dormir. Pero esta noche tienes que salir.


Who the fuck is little barrie? Posted by Hello

Little Barrie tocan pocas canciones. Tienen pocas canciones. Su disco de debut, We are little Barrie únicamente tiene 13, pero su potencia y energía demuestran que llevan muchos conciertos a sus espaldas. Barrie Cadogan (el de la foto de arriba, feo y visceral guitarrista, como buen inglés que es) tiene poco carisma, pero le gusta tocar la guitarra.




We want some action!!! Posted by Hello